El Post

29/09/2022 10:17 pm
Especialización en Derecho Penal Universidad Sergio Arboleda

Los Decretos 210 y 211 del 6 de septiembre han puesto a hablar a los samarios ‘de a pie’. Esos que deben tomar bus o subirse a una mototaxi para ir al trabajo. ¿La razón de la habladuría? Los decretos parecen excesivos y limitan la movilidad al, simplemente, intentar reducir la inseguridad y favorecer a un gremio que presta un servicio de baja calidad.

Como dijo Jack ‘el Destripador’: “Vamos por partes”. En primer lugar está el Decreto 210. Este “prorrogó las restricciones para la circulación de vehículos tipo motocicletas, motociclos, mototriciclos, motocarros y cuatrimotos” durante un año más. Amparado en el objetivo de combatir el uso de motocicletas en hechos delictivos, la Alcaldía tomó medidas restrictivas de distinta índole, las cuales permiten -prácticamente- mujeres jóvenes como pasajeras. (Y creo, si no estoy mal, que las jovencitas muchas veces se sienten intimidadas a usar el servicio de mototaxis. Lo que pone en vía de extinción a este transporte informal).

No me opongo a medidas fuertes; pero no de este tipo. Aquí, en una de las ciudades más pobres del país, con menos movilidad integrada y estratégica (casi todas las rutas bajan al Centro y la Bahía, por mencionar un punto) y una malla vial a medio reparar, es un acto irracional cortar de tajo la opción de transporte más viable y rápida para los pobres, que toman el servicio de otros pobres que se la ‘rebuscan’.

O sea: pobres perjudicados por todos lados en una de las ciudades más pobres. ¡Hágame el favor!

Frente a este decreto: ¿Quieren bajar la inseguridad? Saquen a toda la policía. Retén por todo lado. Requisas constantes. Operativos los fines de semanas por toda la ciudad y que los cuadrantes dejen de estar en las tiendas y negocios cogiendo fresco. Es más: seguro si se vuelven a construir más CAIs en los barrios, la presencia y visibilidad de la autoridad (acompañada de proyectos comunitarios), va a bajar las intenciones delictivas. Eso y que, además, se articulen políticas públicas de fomento, desarrollo y emprendimiento. No solo capacitaciones en estos temas a grupos específicos.

El pasaje de bus

En segundo lugar está el Decreto 211, el cual va a dar dos ‘ganchitos al hígado’ de la paupérrima economía de los hogares samarios. Con este se incrementa el valor del pasaje en bus urbano. A partir del 15 de septiembre se sentirá el primer ‘golpecito’: Los habitantes del Distrito ahora pagarán $2.150 en buses sin aire acondicionado y $2.200 en buses con aire acondicionado. El segundo ‘cortico’ llegará en enero, cuando los buses sin aire cobren $2.300 y los buses con aire acondicionado $2.400.

Como diría el muchacho del popular video: ¿A son de qué?

Esta decisión sólo ha generado polémicas entre los ciudadanos que no se recuperaban del asombro. Sobre todo los que, desesperanzados porque ya no podrían tomar mototaxis, se habían resignado a los $2.000 de la lenta y dispendiosa buseta.

Para tener referencias, les cuento:

  • En Barranquilla, se paga $2.200 por un pasaje de bus que te subes en Simón Bolívar (Sur) y te lleva, por ejemplo, hasta la Kra 72, al Estadio Romelio Martínez, en 20 minutos.
  • Por $3.000 te lleva un bus intermunicipal desde Santa Marta hasta Cristo Rey, Don Jaca, Río Toribio o Cordobita.
  • Hasta Ciénaga, el mismo bus anterior, te lleva por $4.000

¿La gente qué hará?

Pensemos ahora, por un momento en quienes tienen que tomar bus para ir al trabajo. De lunes a viernes, pagando ida y vuelta, pagarían $23.000. Al mes serían $92.000. Ahorrando, de esta forma dos pasajes más para ir a almorzar. De lo contrario serían $184.000.

Si esa persona está ganándose el salario mínimo (suponiendo que el presidente lo aumenta hasta 1.300.000 con auxilio de transporte incluido), le quedarían aproximadamente $950.000 sacando las deducciones de salud y pensión.

Esos $950.000 tienen que alcanzar para comprar comida, pagar un servicio de agua que no es constante ni transparente muchas veces; pagar la energía en la región más costosa del país en ese sentido; pagar gas, el único servicio medianamente decente; telefonía, internet, deudas (con bancos o ‘cuentagotas’); y si queda: se divierte de su apesadumbrada y lenta vida.

Por eso, son ‘ganchitos al hígado’. Pequeños y cortos ajustes que desajustan el resto del presupuesto.

Los estudiantes

Los únicos que han podido pescar en este ‘río revuelto’ del pasaje de bus -o al menos lo intentan- son los estudiantes universitarios que exigen igualdad y quieren pagar lo mismo que los estudiantes de básica primaria y secundaria. Por eso llevan tiempo recogiendo firmas y haciendo manifestaciones frente a la Alcaldía.

El decreto no los incluye, pero han recibido algunos ‘guiños’ por parte de la Alcaldesa.

En los últimos días de esta semana, esos guiños de la Alcaldesa de Santa Marta recibieron un ‘trino’ del Gobernador del Magdalena, su jefe político, en el que, retrotrayendo lo hecho en su mandato distrital, expresa la no aprobación a las medidas del Decreto 210, el que afecta al mototaxismo.

La campaña se ‘prendió’

Aunque estos escenarios son los que se observan en primera medida, comparto la idea de varios en que son los decretos bandera de la estrategia preelectoral de Fuerza Ciudadana.

El Decreto 211 termina beneficiando a un gremio consolidado, polémico por manejos internos, pero lleno de gente porque cada busetero representa, literalmente, un bus de familiares votantes. Darles el aumento en año electoral, les genera una deuda social que deberían -o al menos esperarían desde Fuerza Ciudadana- pagar con votos en las elecciones locales de octubre.

Este ‘acuerdo tácito’ tiene un comodín. El beneficio a los estudiantes universitarios en su pasaje de bus. Seguro lo tendrán. El aumento, fácilmente, terminaría siendo un ‘subsidio por derecha’ que el resto de la ciudadanía pagaría. Los pobres que tomamos bus asumiríamos un cargo que ni los buseteros ni el sector y mucho menos la Alcaldía, tomaría.

Los jóvenes, en aras de obtenerlo, seguramente cederán sus datos, serán contactados y posteriormente militarán en Fuerza Ciudadana. No son jóvenes estudiantes, son una masa a la que hay que predicarle el evangelio naranja de estar de su lado.

Dónde se está viendo claramente esta jugada: en el tuit populista del Gobernador. Esto podría ser un drama planeado en el que la Alcaldesa sería una villana y Caicedo temrinaría siendo el héroe. Su molestia por los votos embolatados del mototaxismo, generan empatía en ese conglomerado a partir del mismo discurso populista que no les ha fallado: ‘Estoy con ustedes, los he defendido. Seguiré luchando por ustedes. Los de antes (los otros) son el mal’.

Todo es política. La seguridad, la movilidad, la pobreza. Aquí no hay gente. Aquí hay pobres que deben votar. La misión: mostrar empatía con todos, tomando decisiones duras, haciéndoles creer que es por su bien.